Esta serie de paisajes pertenece a mi espacio emocional en un determinado momento de calma y reflexión, entre la naturaleza, la ciencia y la religión con las que fui educado.
Son fotografías del exterior que se convierten en espejos interiores: paz o dolor que dialogan con la certeza de la fugacidad de la vida y con las tensiones de los sentimientos y las emociones que nos habitan a todos.
Cada fotografía nace de una mirada hacia dentro que se proyecta hacia fuera, reconocida en los paseos tranquilos, por donde sea. Entre luces y sombras se cruzan ciencia y religión, creencias y miedos, preguntas y silencios.
El paisaje natural se transforma así en metáfora de lo humano: un recordatorio de que todo es efímero.