Esta serie de paisajes emocionales vuela entre pensamientos sobre religión y ciencia, mientras la naturaleza permanece y resiste en la belleza de sus claroscuros.
Desde una fotografía directa en blanco y negro, el paisaje natural se convierte en metáfora: ramas como brazos, raíces como piernas; en definitiva, materia humana. En el bosque todo puede parecer frágil y efímero, pero también fuerte y eterno.
Jesús Fernández Jiménez