La boda de Alicia y Antonio se celebró en su propia finca, un espacio ligado al cultivo ecológico y a un estilo de vida basado en la sostenibilidad y la cercanía con la tierra. La celebración reflejó esos valores: sencilla, auténtica y en plena armonía con el entorno natural en el que viven.
La pareja no quiso un reportaje convencional ni un despliegue técnico, sino una narración visual espontánea y natural, realizada con libertad autoral y sin artificios, confiando plenamente en la mirada documental aplicada a su historia.
Otro rasgo distintivo fue su carácter colaborativo. Amigos y familiares asumieron tareas esenciales: preparar la comida, servir como camareros, organizar mesas y sillas, encargarse de la decoración y aportar los elementos necesarios para que todo saliera adelante. El resultado fue una celebración comunitaria y cercana, en la que cada aportación reforzó la alegría compartida.